Revista Foto
ESPECIALES
Trierenberg Súper Circuit
Dentro de la comunicación no verbal, la palma siempre la llevan nuestros ojos.
Con ellos examinamos, buscamos, reflexionamos, calificamos, investigamos, averiguamos,
aconsejamos, desafiamos, autorizamos... Tantos verbos entrar en acción como miradas lanzamos
día a día sin parar. Parte de nuestro trabajo en esta revista es básicamente ése: mirar.
Y así, observando la impresionante colección del titánico concurso anual “Trierenberg Super
Circuit” (cerca de cincuenta mil copias), nos dimos cuenta de la cantidad de fotos en las
que la mirada era la protagonista: la de la anciana pareja de esta página, la del peluquera,
la de la modelo -una, oculta tras el vestuario y las luces; otra, mostrando el torso desnudo-
o el grito de auxilio que intuimos en los ojos de la mujer escondida tras la doble cárcel de
la sociedad y la religión. He ahí una de las grandezas del fotógrafo: captar la mirada del mirado.
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El poder se queda quieto
Los más poderosos líderes del mundo hacen un alto en su interminable agenda para posar unos minutos -¡a veces segundos!- ante la cámara de Héctor Herrera.
Por Nina San Miguel
Las fotos oficiales son para la historia. Su función única y principal es ser un documento que atestigüe quiénes estuvieron en determinado acto. Son una costumbre obligada en toda reunión de jefes de Estado.
Sin embargo, aunque parecen tan simples, no hay nada de simple en su realización. Cientos de detalles se deben atender, además de que hay muy poco tiempo para hacerlas. Y de eso puede hablar Héctor Herrera, fotógrafo mexicano de renombre internacional. Desde hace treinta y cinco años Herrera se ha especializado en hacer las fotografías oficiales de los políticos. ¿Es difícil retratar personajes tan importantes? Dejemos que sea Herrera quien responda:
“Lo difícil no es tratar con ellos -confiesa el fotógrafo- sino tratar con sus asistentes: “La gente que rodea a los poderosos –con afortunadas excepciones- tiende a creer que su misión es poner piedras en el camino. Las personas que integran los “séquitos” por lo general son -en el fondo- temerosas y prepotentes. O sea, con complejos de inferioridad. Tengo un amigo que dice “dale a cualquier hombre frustrado una puerta que cuidar -como en las discos- , y con eso basta para que tome venganza contra el mundo”. Supongo que así es desde que empezó la civilización”.
“Hay que tener en cuenta que la sola idea de que tantos líderes estén juntos, tan pegados entre sí durante varios minutos, sin moverse, debe ser –por lo menos- una situación incómoda. Cada uno, en su país, es gobernante absoluto y eso de estar formado no les gusta, por aquello de que las filas tienden a estandarizarlo todo. Pero así es: en una foto oficial todos son iguales...o casi.
Porque por ejemplo, el Presidente Bush viaja con su propio equipo de seguridad. Recuerdo bien que a pesar de todas las medidas de seguridad que estaban a efecto en la foto de Monterrey, al momento de la fotografía, ubicamos a varios francotiradores apostados en las azoteas de los edificios vecinos, apuntando hacia abajo.
Es entendible: en el momento de la foto los jefes de Estado son totalmente vulnerables. Están solos, sin escoltas; por un momento se quedan sin guardaespaldas atrás y sin parapeto delante, pues obviamente no puede haber nada entre ellos y la cámara. Esa es una situación con la que los equipos de seguridad no se sienten a gusto. [...]
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Armando Herrera - “El fotógrafo de las estrellas”
Por Nina San Miguel
Hace setenta años Agustín Lara fue a retratarse por primera vez al estudio de Armando Herrera. Luego regresó muchas veces más, pero entre tantas sesiones, la de 1948 fue muy especial porque dos fotos pasaron a la historia: la que ahora está inmortalizada en la estatua del Maestro en la Plaza de La Corrala, en el Barrio de Lavapiés en Madrid; y la del acercamiento a sus manos, tocando el piano. Aquella sesión marcó el gran despegue de la carrera de Armando, el “Fotógrafo de las Estrellas”. Porque después de haberle hecho esas fotos al gran ídolo y compositor veracruzano, todos los artistas, actores, compositores, bailarines, cómicos y cantantes, quisieron retratarse con él.
Prácticamente todos los personajes que formaron parte de la Época de Oro del cine en México, pasaron por su estudio. Agustín, de quien Armando guarda gratos recuerdos, se convirtió así, sin saberlo, en su “padrino”. Esos fueron tiempos gloriosos: un día llegaba al estudio Pedro Infante, al día siguiente se apersonaba alguno de los hermanos Soler o Tin Tan, y al otro día llegaban “Los Panchos“. A “Los Panchos“ los retrató durante ¡cincuenta años! El fotógrafo vivió intensamente aquellos años, porque era amigo -o terminaba siendo amigo- de muchos de los talentosos artistas que llegaban a su estudio.
Armando recuerda que Pedro Infante era un jovencito que siempre andaba “en las últimas” (sin dinero). Iba al estudio a pedirle prestada su guitarra (porque a Armando le gustaba componer canciones) y unos pesos. Eventualmente se hicieron cuates y por las noches se iban juntos a recorrer las carpas.
"Ese era el gran don del abuelo -platica Héctor, su hijo*-: se hacía amigo de todo el mundo. Tenía una forma muy cálida de tratar a la gente y sobre todo, de dirigirla. Los que iban a retratarse no sólo salían con fotos, sino llenos de consejos para su imagen y para el escenario".
Armando fue muy guapo cuando era joven. Además de que le gustaba pilotear aviones, era gran aficionado al box y manejaba una moto. Un tipazo, como lo atestiguan las fotos. Desde aquellos tiempos Esperanza Isunza, su esposa -que en paz descanse-, decidió irse a trabajar con él al estudio. Lo acompañó, manejó la administración del estudio, atendió a los clientes y se encargó de cobrar, hasta el último día que abrió el estudio. Durante sesenta y cinco años -afirma Armando- “ella fue el alma del estudio”. Ella, que fue una mujer preciosa, de tez blanca y pelo ondulado, tan bella como cualquiera de las actrices que retrataba Armando, contaba discretamente a sus nietas: “Fíjate mi hijita que las artistas eran muy coquetas y tu abuelito tan guapo... ¡yo tenía que estar ahí!” [...]
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Armando Herrera - “El fotógrafo de las estrellas”
Por Guillermo de la Vega
¿Qué es la creatividad? Buena pregunta. No existe una sola respuesta. De hecho, puede que no haya ninguna respuesta. Es sólo un concepto. Mucho tiene que ver con la belleza, con el arte. En el ámbito de la publicidad de poco vale si no te compra la idea el cliente. Entonces, ¿está supeditada a la pragmática? ¿a la funcionalidad? A veces, irremediablemente, sí. Otras, el creativo encuentra un nicho de connivencia y consigue expresarse con total libertad. Los mejores estetas del sistema de mercado han demostrado en la última edición de los premios más reputados del mundillo creativo que en la publicidad hay sitio para todo.
El 20 de enero de este año Estambul acogió por segunda vez los premios Epica, que recompensan la creatividad en el sector de la publicidad a nivel europeo. Como en todo concurso, los resultados pueden parecer anecdóticos, pero sirven para intentar cuantificar algo tan volátil como las ideas. Nunca es tarea fácil... y mucho menos objetiva. Sin embargo, en esta decimonovena edición, el jurado hiló bastante fino.
En esta ocasión, la catarsis creativa fue evaluada por un jurado formado por 32 prestigiosas revistas especializadas (en publicidad y en marketing) de 23 países. No faltaron a su cita por ejemplo revistas como El Publicista, Kreatív, Archive, Publicita, Briefing o Creative Review. Se repartieron la friolera de 64 premios vencedores y hubo 379 finalistas, más que en la edición anterior. Los dos grandes premios, los Epica de Oro, fueron para Abbott Mead Vickers BBDO Londres, por el anuncio de Guinness noitulovE (Evolution, al revés) en la categoría de Televisión, y para Foote Cone & Belding Lisboa por la campaña Banderas para el Grande Reportagem, en la categoría gráfica. El spot de Guinness se basa en la idea de que todo lo bueno se hace esperar, y como la cerveza negra es lo mejor del mundo, se hace esperar ¡500 millones de años! Todo ello con montaje regresivo, del presente a la época de las larvas pasando por glaciaciones, prehistoria y dinosaurios. La campaña Banderas aparece en la revista crítica de investigación portuguesa Grande Reportagem. Sus reportajes de investigación y el fotoperiodismo comprometido de gran calidad humana y profesional son las señas de identidad de esta publicación, que pretende comprender el mundo actual a través de la reflexión crítica. Con este fin, analiza las causas de los problemas y ofrece al lector diferentes posibilidades de acción. Las gráficas (que pueden observar en la página contigua) funcionan a primera vista. Entran por los ojos. Se trata de que el receptor conozca el mundo, se encuentre con él a través de ocho realidades políticas o sociales representadas a través de banderas. Genial. [...]
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A propósito de la identidad
Alcanzó su sexta edición un certamen de los de luz continua en lugar de sólo fuegos de artificio, por lo cual no es en absoluto aventurado decir que estamos ante lo que bien puede servir de modelo de festival posible de fotografía aquí y ahora con vocación de continuidad. Hablamos de fotoencuentros, el festival que creó y viene dirigiendo Paco Salinas con el apoyo de la Fundación Cajamurcia. Entre enero y febrero, Murcia y Cartagena acogen el programa de exposiciones, conferencias-proyección, mess redondas, talleres, dos publicaciones, el concurso “Los libros únicos”, un ciclo de cine, el fotomaratón y, como novedad, el proyecto de activismo fotográfico Refoto, en un denso pero digerible programa de cuarenta actividades.
Fiel a su tradición de dedicarse a un tema monográfico en profundidad para poder observar las distintas visiones que sobre un mismo asunto, en esta ocasión el tema elegido fue una reflexión sobre la Identidad. Catorce autores españoles y extranjeros, fotógrafos rigurosos y comprometidos con su trabajo, unos consagrados y otros en camino de hacerlo, fueron elegidos para exponer sus obras sobre el tema objeto de esta edición.
¿Somos como nos vemos? ¿Nos vemos como somos? Éstas son las premisas, y las preguntas, a partir de las cuales se programó fotoencuentros 2006. Como bien dicen los organizadores, “la fotografía ha servido desde su invención para ver el mundo a través de otros ojos, para ver qué y quién había más allá de donde llegaban nuestros pasos”. Ahí estamos. La polivalencia del medio fotográfico va desde una forma de ampliar el conocimiento sobre nosotros mismos por medio del conocimiento del otro hasta servir de instrumento para reflexionar sobre la naturaleza del ser social y del ser individual. Así es como podemos construir una visión sobre quiénes somos. Y está muy bien que los festivales serios se consagren al planteamiento y abordaje de temas serios. Por ejemplo, fotoencuentros. Pasen y vean.
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