EL PODER SE QUEDA QUIETO

Los más poderosos líderes del mundo hacen un alto en su interminable agenda para posar unos minutos -¡a veces segundos!- ante la cámara de Héctor Herrera

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Las fotos oficiales son para la historia. Su función única y principal es ser un documento que atestigüe quiénes estuvieron en determinado acto. Son una costumbre obligada en toda reunión de jefes de Estado.

Sin embargo, aunque parecen tan simples, no hay nada de simple en su realización. Cientos de detalles se deben atender, además de que hay muy poco tiempo para hacerlas. Y de eso puede hablar Héctor Herrera, fotógrafo mexicano de renombre internacional. Desde hace treinta y cinco años Herrera se ha especializado en hacer las fotografías oficiales de los políticos. ¿Es difícil retratar personajes tan importantes? Dejemos que sea Herrera quien responda:

“Lo difícil no es tratar con ellos -confiesa el fotógrafo- sino tratar con sus asistentes: “La gente que rodea a los poderosos –con afortunadas excepciones- tiende a creer que su misión es poner piedras en el camino. Las personas que integran los “séquitos” por lo general son -en el fondo- temerosas y prepotentes. O sea, con complejos de inferioridad. Tengo un amigo que dice “dale a cualquier hombre frustrado una puerta que cuidar -como en las discos- , y con eso basta para que tome venganza contra el mundo”. Supongo que así es desde que empezó la civilización”.
“Hay que tener en cuenta que la sola idea de que tantos líderes estén juntos, tan pegados entre sí durante varios minutos, sin moverse, debe ser –por lo menos- una situación incómoda. Cada uno, en su país, es gobernante absoluto y eso de estar formado no les gusta, por aquello de que las filas tienden a estandarizarlo todo. Pero así es: en una foto oficial todos son iguales…o casi.

Porque por ejemplo, el Presidente Bush viaja con su propio equipo de seguridad. Recuerdo bien que a pesar de todas las medidas de seguridad que estaban a efecto en la foto de Monterrey, al momento de la fotografía, ubicamos a varios francotiradores apostados en las azoteas de los edificios vecinos, apuntando hacia abajo.

Es entendible: en el momento de la foto los jefes de Estado son totalmente vulnerables. Están solos, sin escoltas; por un momento se quedan sin guardaespaldas atrás y sin parapeto delante, pues obviamente no puede haber nada entre ellos y la cámara. Esa es una situación con la que los equipos de seguridad no se sienten a gusto.

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